La ofrenda
Foto de Juan RulfoEl hombre se sentó en una roca para descansar un rato. Había caminado mucho desde la mañana. Después de haber abrazado a su esposa y a sus hijos, había dejado su pueblo muy temprano, al amanecer. El día anterior había preparado algunas provisiones en su bolsa de lona porque sabía que el viaje sería largo : hojas de coca para aliviar la fatiga, papas secas, mazorcas de maíz, fréjoles, algunos pedazos de carné seca y una calabaza de agua y otra de chicha.
En sus sandalias sus pies estaban cubiertos de polvo de tierra seca y su sombrero de paja apenas lo protegía del sol abrasador.
Ahora está mirando hacia la gran llanura pedregosa y salpicada de cactus raros. A lo lejos se alza la montaña que debe escalar, el volcán sagrado de los antepasados.
Los ancianos del pueblo le entregaron una misión sagrada, hacer una ofrenda a la Pachamama y al Dios de la lluvia para pedirles buenas cosechas.
En el pueblo lleva varios meses sin lluvia, el río ya no fluye, los pozos se han sacado, las plantas están muriendo y las reservas de alimentos se están acabando. La hambruna amenaza a la población.
Ofrecerá los productos esenciales de la Tierra a los dioses de la naturaleza, las hojas de coca, el maíz y las papas, así como una pequeña estatua de oro de la época maya que los ancianos del pueblo se mantenían preciosamente. Aún el sacerdote le entregó el retrato del santo protector de las cosechas diciendo que implorar a varias divinidades daría mejores resultados.
El sol ya estaba alto en el cielo sin nubes y el camino todavía era largo. El hombre bebió un poco de agua, masticó unas cuantas hojas de coca y volvió a caminar.
Edith

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