Tres cuentos a la manera de Horacio Quiroga
con los siguientes temas: El Vercors, un cazador y un lobo
1
LA LOBA, SUS TRES COCHORROS, EL CAZADOR Y EL MOCHILLERO
Florence
Eva, la loba, estaba muy preocupada. Había encontrado una guarida en el Vercors, muy acogedora, encantadora porque aislada en el bosque para ella y sus 3 cachorros. Sabia que se presentía la temporada la más difícil para ellos : el invierno. Sobre todo, temía la nieve. Así, quiso poner en guardia a su familia:
- Sabéis que cuando nieva, es peor para nosotros. Los cazadores pueden seguirnos muy fácilmente. Ten mucho cuidado. A pesar de que sea un parque nacional, todavía hay cazadores, así que no os alejáis.
- ¿Me oyes Vladimir?
- Sí, mama, te lo prometo -contestó él - con fuerza.
Sabía que su hijo menor nunca obedecía. Nació muy débil, por eso lo había mimado mucho, demasiado, pero él era muy curioso, también cariñoso.
Como lo había predicho Eva, se puso a nevar. Toda la familia se encerró en la guarida. Al tercer día, Vladimir empezó a aburrirse muchísimo. Su madre dormía, sus hermanos también, se acercó a la entrada. Los copos seguían cayendo. Hacia un tiempo blanco, nebuloso, no se veía nada a más de 2 metros.
A Vladimir no le gustaba más que saltarlos. La tentación fue la más fuerte. Comprobando que los otros seguían durmiendo y aprovechando este tiempo, empezó a salir diciéndose que su madre no notaría nada.
Un paso tras otro brincaba los copos, muy divertido, olvido completamente la recomendación y así se alejaba cada vez más del hogar cuando creyó oír gemidos y gritos.
Era un poquito despistado, pero tenía también buen corazón. Quiso saber lo que ocurría y quizás prestar ayuda.
Alejándose cada vez más, acercándose al lugar donde provenían los gritos hasta encontrarse con un mochilero caído en una profunda cavidad. Se había fracturado un brazo, intentaba salir desde hacía horas, pero en vano. La nieve se amontonaba alrededor y le impedía subir. No podía más que resbalar siempre en la hondura.
De repente, Vladimir se dio cuenta que nunca podría socorrerle, decidió ir a buscar a su familia.
Mientras tanto, Eva, alarmada, se había despertado. Estaba muriéndose de angustia cuando vio llegar a su hijito a toda prisa.
- ¡Mama!, ¡Mama! , rápido, rápido
Les cuento lo ocurrido. Todos se precipitaron tras ver el peligro que amenazaba al hombre, herido, casi muerto de frio.
Pero, también, un cazador había entendido los gritos y había visto las huellas en la nieve. Se había puesto en marcha, riendo a carcajada de la facilidad con la cual podría seguir a todos estos zonzos lobos.
Desdichadamente, la manada llegaba al borde del hoyo se daba cuenta rápidamente que tampoco podía ayudar al pobre hombre. Angustiados, exhaustos, se sentaron y se pusieron a aullar de desesperación.
Eso, no hizo nada más que atraer al cazador que reía cada vez más de tanta locura, así que también llego aún más rápido a este maldito encuentro.
Sin embargo, le quedaba una chispa de sentimiento, antes de disparar a toda la jauría, salvó al maltrecho de su mala posición.
Pero, una vez echo esto, volvió hacia los lobos con su fusil armado, listo a disparar cuando se oyó un grito :
- ¡No! ¡Qué no!, por favor, gracias a ellos….., ¡les debo la vida !
El cazador, bajo el fusil.
Toda la manada pudo volver a su hogar sana y salva.
La loba estaba muy feliz y muy orgullosa de su hijito, por supuesto, pero no pudo impedirse de decirle que había puesto en peligro a toda su familia.
Vladimir, muy avergonzado, se fue a esconder al fondo de la gruta sin comer.
2
EL CAZADOR Y EL LOBO
Patricia
El cazador yacía en el fondo del pozo.
Estaba persiguiendo el lobo desde hace tres días. El lobo había matado unas ovejas de su amigo Carlos. Carlos tenía su rebaño situado en el norte del Vercors, cerca de las gargantas de Engins. Llamó a su amigo el cazador para que matara a este lobo. Sabía que estaba prohibido. Pero Carlos estaba realmente enfadado con estos lobos y con los hombres que los habían reintroducido en la región. ¡Cuántos corderos había perdido!
Entonces el cazador se puso en marcha y buscó las huellas del lobo. No fue tan difícil. Era como si el lobo quisiera que el cazador lo siguiera.
En cada cruce, la huella de la pata estaba claramente marcada. El hombre veía a menudo el animal a lo lejos. Era muy alto, majestuoso, orgulloso. Parecía que esperaba al cazador. Pero no se dejó acercar.
Al anochecer, el cazador se detuvo en el refugio de la Molière. Conocía bien los dos jóvenes que se encargaban en el lugar. Pero él no les contó nada sobre su proyecto. Sabía que ambos estaban a favor de los lobos.
Afortunadamente el refugio no estaba lleno. No había casi nadie. Un grupo de cuatro senderistas y una pareja. Cenó en su rincón y se dirigió al dormitorio directamente después de la comida. Su noche fue muy agitada con muchas pesadillas. Se levantó al amanecer y continuó su persecución.
Tan pronto como salió del refugio, vio al lobo en las crestas de las montañas iluminadas por la luz de la mañana. La dirección era clara. El norte. Continuó siguiéndolo todo el día. Estaba progresando lentamente. El lobo estaba jugando con él. Le hizo hacer un gran círculo. Por la tarde se encontraba de nuevo cerca del refugio de la Molière.
El cazador empezaba a sentirse cansado. Decidió pasar una segunda noche en el refugio. Una vez más, estaba muy inquieto. En sus pesadillas lo veía enorme y aterrador. Tenía los ojos rojos y lanzaba aullidos horribles.
A la mañana siguiente, sin haber descansado realmente, continuó su caza. Su camino finalmente lo llevó al Pozo de las Escrituras. Conocía este lugar un tanto misterioso por los signos grabados en las paredes de la cueva. Y fue allí donde se encontraron: el cazador y el lobo, ojos en los ojos. Se movían lentamente, uno frente al otro, a unos metros de distancia, un paso a un lado, un paso al otro lado. El animal estaba tranquilo, como si supiera lo que iba a pasar. Él estaba un poco nervioso. Empezó a apuntarle con su fusil. Cuando, de repente, un relámpago llena el pozo. El hombre recibió un gran choque y cayó muerto en el fondo. El lobo lo miró y se alejó con pasos majestuosos, sus ojos brillaban en la noche.
Ahora los hombres miran el cuerpo tendido en la hondura de la cueva en silencio. Carlos estaba preocupado. Su amigo se había ido desde hacía tres días y no había dado noticias. Entonces, había alertado a los servicios de socorro de montaña. Les había explicado que su amigo había seguido las huellas del lobo. Había decidido acompañarlos.
Las investigaciones los llevaron al refugio de la Molière. Los jóvenes confirmaron que el cazador había dormido las dos últimas noches en el refugio. Desde el refugio siguieron algunas huellas y finalmente llegaron al lugar del Pozo de la Escritura. Un amplio hueco. Una dolina exactamente. Había un buen espesor de nieve en el fondo, pero se podían ver las escrituras neolíticas gravadas, formas diversas, personas y animales. El hombre yacía en la nieve exactamente debajo de uno de los signos en forma de cruz.
3
EL CAZADOR Y EL LOBO
Juan-Pablo
El cazador yacía en el fondo del pozo. Parecía sin vida y no había ninguna pista de lo que había sucecido.
Es esta historia extraña, pero muy real, la que les vamos a contar. Volvamos unos años atrás, al principio de esta historia. Hacia ya mucho tiempo que las ovejas desaparecieron de los ganaderos sin que nadie descubra el origen de estas matanzas. Algunas veces había rastros de sangre cerca del redil, sugiriendo que se trataba de un lobo, pero nada más. Cosa extraña y incomprensible, desaparecían tres corderos en un ganadero, aproximadamente uno por semana, y luego se paraba y volvía a otro ganadero. Pronto la mitad de los ganaderos de la meseta del Vercors se vieron afectados. A finales de marzo pasado, fue el turno de Carlos quien tiene su ganado en un caserio, situado en el norte del Vercors cerca de las barrancas de Engins. Estaba muy enfadado encontrá de estos lobos y de los hombres que les reintroducieron en su país. Alertó a su amigo Francisco, el unico cazador del caserio, para matar este lobo aunque esté prohibido. Por suerte, la última noche, había nevado, una nieve espesa de primavera y se encontraban unas huellas alrededor de la casa de Carlos.
La mañana siguiente, con un tiempo soleado, Francisco espió la bestia, siguiendo las huellas. persiguiendola y eso durante 3 días.
Tras una traza muy sinuosa, su camino llegó hasta el Pozo de las Escrituras.
Al entrar en el pozo, Francisco, demasiado preocupado por su investigación, no se dio cuenta de que, ahora, el tiempo era tormentoso.
Allí se encontraron: ojos en los ojos, el cazador y un lobo enorme.
El lobo se presentó a Francisco : « Soy el jefe de la manada. Te esperaba, cazador ! Que quieres ? No tienes nada que hacer en este lugar».
El cazador le respondió : « Tú y tu manada han matado a todas esas ovejas en la meseta; Pagarás caro por eso ».
El lobo se exclamó : «Este lugar es un sanctuario. Además te recuerdo que pertenezco a una especie protegida."
Francisco no quiso escuchar y dijo: "Vas a pagar por ti y tu banda pero tengo una pregunta que hacerte antes. ¿ Por qué matar tres ovejas en cada granja?
El lobo le respondió: "¡Por fin una pregunta sensata!"
Me voy a explicarte lo que tú y los tuyos habéis olvidado durante siglos.
En los tiempos antiguos, tus antepasados y los míos se respetaban, se entendían y llegaron a un acuerdo : nosotros podíamos recoger tres ovejas en cada granja para alimentarnos y hoy, ustedes, los hombres rompen ese acuerdo. Por eso nos escondemos para ir a buscar comida.
Estas explicaciones no habían convencido al cazador: "No tienes vergüenza de matar a nuestros animales. ¡Ellos no les pertenecen!".
El lobo repondio : "Y ustedes los humanos, ¿cuántos animales matan cada día para alimentarse? Y además, estos animales no son vuestros como los nuestros; pertenecen al mundo de los vivos »
El cazador, un poco desconcertado, no supo que responder.
El lobo añadió: "Estos son los términos de nuestro acuerdo entre tus antepasados y los míos. A proposito de la cifra 3, debes saber que se encuentra en todas las civilizaciones y en todo el mundo. Lo compartíamos con tus antepasados ». Estas escrituras que ves sobre los paredes y que nadie ha podido descifrar hasta ahora representan los términos de este acuerdo
El cielo se estaba volviendo más y más negro.
Para Francisco, el intercambio había terminado.
Comenzó a apuntar al lobo con su rifle.
De repente, un relámpago llenó el pozo y el cazador calló en el fundó, muerto.
Carlos, que salió a buscarlo, lo descubrió 3 días después