lunes, 4 de mayo de 2026

¡Y VIVA LA PIÑATA!

 Aprovechando el miércoles y las Puertas Abiertas de español, algunos niños se reunieron en el primer piso de Belmont para disfrutar de una alegra piñata. Fue un descubrimiento para algunos, pero un placer para todos, ya que el objetivo es romper la piñata para recoger caramelos.


¿De dónde viene esa costumbre?

No tiene un origen muy claro.

Algunos piensan que proviene de China, donde se rompían estatuillas de animales para festejar el Año Nuevo. Fue Marco Polo que llevó la piñata a Italia: durante las vendimias, se colgaba una jarra de arcilla llena de golosinas en lo alto de un poste para después romperla con un bastón y recoger los regalos que contenía.

Otros piensan que fue llevada a España y a Sicilia por los árabes.

Para otros aún, su origen es precolombino: relatos aztecas y mayas mencionan rituales dedicados a la fecundidad y a la abundancia.

Cuando los españoles llegaron a Mexico en el siglo XVI, añadieron una tradición cristiana, fusionando las costumbres locales con las costumbres europeas para crear una nueva práctica que mezcla mito y historia.

De hecho, la piñata se transformó con el tiempo, evolucionando de un objecto de cerámica llena de semillas usado en celebraciones agrícolas a un objeto festivo y simbólico que conocemos hoy, utilizado durante las fiestas de Navidad en Mexico o en cumpleaños en otros países.

Las reglas del juego

Tradicionalmente, la piñata tiene una forma de estrella. El centro representa el diablo y los siete picos son los pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza).

 Primero se venda los ojos de los participantes para recordar que la fe es ciega. Luego, con un palo se rompe la piñata : es la fuerza y la virtud que destruyen los engaños y pecados. Los regalos que caen son las riquezas del reino de los cielos que se otorgan como premio a la fe y la perseverancia. ¡Ñam, ñam!


Danièle Alaux

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