sábado, 15 de abril de 2023

Impresiones canarias

Fuimos a Canarias visitar las islas de Lanzarote y Fuerteventura y teníamos ganas de compartir algunas impresiones con vosotros.

Lanzarote

La cosa que más me impresionó es el Parque nacional de Timanfaya en la isla de Lanzarote 
 
Es un lugar que no se parece a nada de lo que he visto hasta ahora en el mundo. Ese lugar resulta de irrupciones volcánicas de centenares de cráteres durante seis años en el siglo 18. Una gran parte de la isla fue tapada por un mar de lava tan grande que miremos donde miremos, no se puede ver las orillas. Sólo vemos una multitud de conos más o menos destrozados cubiertos de cenizas.

En todas partes, hay un caos infranqueable, indescriptible, un espectáculo de formas improbables congeladas para miles de siglos. Un territorio casi sin vida, gris oscuro matizado de ocre, sin olor, un paisaje desolado y polvoroso donde parece vivir sólo el viento.

En ese espacio protegido, a veces vemos una pequeña mancha de color verde que es una señal que la naturaleza quiere sobrevivir cueste lo que cueste. 
 
 
 
No podemos imaginar lo que vivieron los habitantes del lugar en aquel infierno. No sabemos si pudieron salvarse de tanta lava incandescente. Los canarios llaman ese lugar las Montañas del fuego y el símbolo del parque es un diablo diseñado por el artista César Manrique que marcó de su huella la isla realizando unos edificios que hoy son muy visitados por los turistas. 

Bruno
 
 
 
Fuerteventura

En Fuerteventura, me deje seducir por la desnudez de los paisajes, las montañas áridas y desérticas pero tan luminosas, el mar que envuelve la isla de sus cuestas variadas, el horizonte lejano, el cielo azul, puro, y el viento de cada día.

A veces el paisaje de las tierras del centro, desnudo y infinito parece desolador y te preguntas como es posible la vida en medio de nada.









Así describió la isla, Miguel de Unamuno durante su destierro en 1924 :

“La tierra de esta isla ermitaña no miente; Fuerteventura dice al hombre, dice a sus hombres, a sus hijos, la verdad desnuda y descarnada, el esqueleto de la verdad. El que miente aquí es el cielo que se cubre de nubes y no llueve...”



Visitando la cuidad de Betancuria, antigua capital histórica de Fuerteventura, descubrí un poema lamentando la sequía, que quería compartir. (Lo siento, no llego a encontrar el autor ) :


“Al atardecer un día”
 
Las nubes se formaran tendidas sobre el mar.
Recogerán el agua para llevarla
a la tierra.
No caerá mucha
cuando venga en forma de tormenta,
dejando la tierra áspera y seca.
Pero si es tranquila
dejará el campo esponjoso
para la siembra.
Cuando caiga montaña abajo
soltará su pelo en forma de cascada,
tan limpia que no tendrá memoria.
Bajará cantando el agua por los barrancos,
y cuando el aire bese su cara
la lluvia bailará.
Mas cuando el sol la sofoque,
ella tapará su boca triste y callar
á.
Donde gira el viento, un arcoíris
le abrigara el cuello con su bufanda
y ella, majestuosa, le dará las gracias.
Pasearán juntos regando el campo :
el con su colorido y ella con su manto...




Sabéis cuanto me gusta la poesía.

Aquí sigue un poema del poeta grancanario Pedro Lezcano dedicado a la isla majorera.

 

Oda a Fuerteventura

Para qué se desnuda tanta tierra,
ardorosa y pasiva?
Horizontes de senos acostados,
caderas desceñidas…
¿Qué amante secular tarda o desdeña
tan vasto amor, amante tan propicia?
Una hoja de vid, clásicamente,
cubre su virgen desnudez antigua.
Y acaso la palmera surtidora
y el tarajal ceniza
y el palio de algún ave, soñadora
de trigales, que emigra…
Sobre su cuerpo suéñase la rosa
y reside la espina.
Fuerteventura : tierra.
Edén para morir, tumba infinita.
Sabe a tierra mi boca si te nombro.
Hundido en tierra está cuanto te habita.
El agua en pozos duerme sin arrullo.
La vid en hoyos crece y fructifica.
Y el hombre amasa en tierra, siempre en tierra,
su casa y su sonrisa.
(El polvo es tierra muerta,
alma de tierra ingrávida y aligera;
pero en polvo mortal basta una lágrima
para que surja el barro de la vida.)
¡Esperar y llorar, Fuerteventura,
que a los ojos no llegan las sequías!
Tus mujeres sentadas,
tus lentos hombres lloran a la orilla,
con sus camellos de perfil de monte
y sus fincas tendidas.
Aran despacio el mar tus pescadores
-para vivir, para morir, no hay prisa
Siembran un pez pequeño en hondo surco
que el mar bíblicamente multiplica.
Toda Fuerteventura aguarda en llanto,
cuerpo a tierra, enterrada y siempre viva,
yacente al sol, desnuda y meditando
en su resurrección o en su agonía.
Fuerteventura: Dios lanzó un puñado
de tierra en una tumba sumergida.  



Desgraciadamente, la vida no es solo poesía.

En su última novela ‘Todo lo carga el diablo’ ,Benjamín Prado poeta y novelista, recuerda uno de los horrores del franquismo: el campo de concentración para homosexuales de Tefía, cuidad en la cual vimos molinos de vientos.


“Si no le atraían las mujeres y le gustaban los chicos, debió luchar contra su naturaleza y mantenerla oculta en aquella España brutal de la dictadura donde a los homosexuales se les aplicaba la Ley de Vagos y Maleantes y la de Peligrosidad Social, se les tachaba de invertidos y eran internados en campos de concentración de las Islas Canarias como la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, un antiguo cuartel de la Legión donde se les obligaba a picar piedra de sol a sol, hacían instrucción militar, labraban y sembraban un desierto donde jamás iba a crecer verdura, legumbre o cereal alguno, y eran vejados de palabra y obra, azotados con fustas y varas de madera para los vigilantes y sometidos a experimentos clínicos. Como dieta, les daban de comer sobras, cáscaras e incluso hierbas silvestres, y no tenían ni siquiera una cama, dormían en el suelo.”



La represión de los homosexuales en Tefía, en cómic.


Los guionistas Juan Sepúlveda y Antonio Mercero junto a la ilustradora Marina Cochet publicaron la novela gráfica El Violeta en 2019.

El Violeta es la historia de Bruno, un joven homosexual de 18 años, pero también el testimonio del infierno que sufrieron los gais durante el franquismo.

El Violeta es la historia de la persecución que sufrieron los homosexuales durante el franquismo y la convivencia de las mujeres que se casaron con ellos, un documento gráfico de la suerte que corrían los homosexuales que enviaban a la prisión de Tefía.







Tefía funcionó como prisión desde 1954 hasta 1966. Durante 12 años, el centro encerró a alrededor de un centenar de personas condenadas por la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada durante la Segunda República para castigar a vagabundos, pordioseros, rufianes, proxenetas y a todo aquel que no pudiera demostrar domicilio fijo, empleo o modo de sustento. En 1954, Franco modificó la ley para incluir a los homosexuales por considerarlos un peligro público.

Corín






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