De parte de Agnès Descollonges del grupo Los Turpiales (miércoles 12h30)
Este verano, si pasáis por Toulouse, debéis ir a la
fundación Bemberg y ver la exposición del pintor español Joaquín Sorolla (1863-1923). Esta
fundación se encuentra en el hotel d’Assézat, un magnífico hotel del
Renacimiento. Podréis verla hasta el 13 de septiembre.
Hay aproximadamente 60 pinturas
Joaquín Sorolla se llama «el pintor de la luz»
Sus pinturas son muy luminosas, hay muchos reflejos en el
agua, juegos de sombras…
Un ambiente de verano, con sus pinturas del mar con sus niños
jugando en el agua, sus paseos al sol, su esposa andando sobre la arena…
Estas pinturas dan la impresión de otra época, un tiempo
en el que la vida era más apacible.
Son escenas muy simples; el mar, el sol, ¡por lo tanto… las
vacaciones!
Ver más con este enlace:
https://www.fondation-bemberg.fr/expositions/joaquin-sorolla
El artista sufrió su ataque
de hemiplejía mientras creaba el retrato de la mujer de Pérez de Ayala, quien
fue director del Museo el Prado. El pintor no llegó a terminar el retrato, que
se conserva en el Museo Sorolla de Madrid.
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Este lienzo se encuentra en la Casa- Museo Sorolla Lo cuenta su amigo, el gran escritor
asturiano Ramón Pérez de Ayala y Fernández del Portal (Oviedo, 1880 - Madrid, 1962), en un texto de homenaje a Sorolla, tras conocer la noticia de la
muerte del pintor: "Una fina y
templada mañana madrileña del mes de julio, en su jardín, Sorolla pintaba el
retrato de mi mujer, observándole yo, a su lado. Éramos los tres solos, bajo
una pérgola enramada. Levantóse una vez y se encaminó hacia su estudio.
Subiendo los escalones, cayó. Acudimos mi mujer y yo en su ayuda, juzgando que
había tropezado. Le pusimos en pie, pero no podía sostenerse. La mitad
izquierda del rostro se le contenía en un gesto inmóvil, un gesto aniñado y
compungido, que inspiraba dolor, piedad, ternura. Comprendimos la dramática
verdad; la cuerda, extremadamente tirante, se había quebrado. (Sorolla sentía
el pavor y el presentimiento de la parálisis; años antes había padecido un
amago). Aun así y todo, rebelde contra la fatalidad que ya le había asido con
su inexorable mano de hierro, Sorolla quiso seguir pintando. En vano procuramos
disuadirle. Se obstinó, con irritación de niño mimado a quien, con pasmo suyo,
contrarían. La paleta se le caía de la mano izquierda; la diestra, con el
pincel más sujeto, apenas le obedecía. Dio cuatro pinceladas, largas y
vacilantes, desesperadas; cuatro alaridos mudos, ya desde los umbrales de la
otra vida. Inolvidables pinceladas patéticas! "No puedo", murmuró con
lágrimas en los ojos. Quedó recogido en sí, como absorto en los residuos de luz
de su inteligencia, casi apagada, de pronto, por un soplo absurdo e invisible,
y dijo: "Qué haya un imbécil más, ¿qué importa al mundo?.”
Gran amistad |
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| Casa Museo de Sorolla |
¡FELICES VACACIONES!
Agnès
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