sábado, 13 de junio de 2026

Exposición Joaquín Sorolla en Toulouse

De parte de Agnès Descollonges del grupo Los Turpiales (miércoles 12h30)

Este verano, si pasáis por Toulouse, debéis ir a la fundación Bemberg y ver la exposición del pintor español Joaquín Sorolla (1863-1923). Esta fundación se encuentra en el hotel d’Assézat, un magnífico hotel del Renacimiento. Podréis verla hasta el 13 de septiembre.

Hay aproximadamente 60 pinturas

Joaquín Sorolla se llama «el pintor de la luz»

Sus pinturas son muy luminosas, hay muchos reflejos en el agua, juegos de sombras…

Un ambiente de verano, con sus pinturas del mar con sus niños jugando en el agua, sus paseos al sol, su esposa andando sobre la arena…

Estas pinturas dan la impresión de otra época, un tiempo en el que la vida era más apacible.

Son escenas muy simples; el mar, el sol, ¡por lo tanto… las vacaciones! 

Ver más con este enlace:

https://www.fondation-bemberg.fr/expositions/joaquin-sorolla



El artista sufrió su ataque de hemiplejía mientras creaba el retrato de la mujer de Pérez de Ayala, quien fue director del Museo el Prado. El pintor no llegó a terminar el retrato, que se conserva en el Museo Sorolla de Madrid. 


Este lienzo se encuentra en la Casa- Museo Sorolla
  
 Lo cuenta su amigo, el gran escritor asturiano Ramón Pérez de Ayala y Fernández del Portal (Oviedo, 1880 - Madrid, 1962), en un texto de homenaje a Sorolla, tras conocer la noticia de la muerte del pintor:
 

"Una fina y templada mañana madrileña del mes de julio, en su jardín, Sorolla pintaba el retrato de mi mujer, observándole yo, a su lado. Éramos los tres solos, bajo una pérgola enramada. Levantóse una vez y se encaminó hacia su estudio. Subiendo los escalones, cayó. Acudimos mi mujer y yo en su ayuda, juzgando que había tropezado. Le pusimos en pie, pero no podía sostenerse. La mitad izquierda del rostro se le contenía en un gesto inmóvil, un gesto aniñado y compungido, que inspiraba dolor, piedad, ternura. Comprendimos la dramática verdad; la cuerda, extremadamente tirante, se había quebrado. (Sorolla sentía el pavor y el presentimiento de la parálisis; años antes había padecido un amago). Aun así y todo, rebelde contra la fatalidad que ya le había asido con su inexorable mano de hierro, Sorolla quiso seguir pintando. En vano procuramos disuadirle. Se obstinó, con irritación de niño mimado a quien, con pasmo suyo, contrarían. La paleta se le caía de la mano izquierda; la diestra, con el pincel más sujeto, apenas le obedecía. Dio cuatro pinceladas, largas y vacilantes, desesperadas; cuatro alaridos mudos, ya desde los umbrales de la otra vida. Inolvidables pinceladas patéticas! "No puedo", murmuró con lágrimas en los ojos. Quedó recogido en sí, como absorto en los residuos de luz de su inteligencia, casi apagada, de pronto, por un soplo absurdo e invisible, y dijo: "Qué haya un imbécil más, ¿qué importa al mundo?.”

Gran amistad

 Casa Museo de Sorolla

¡FELICES VACACIONES!

Agnès

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