domingo, 5 de febrero de 2023

La aventura del "PEDACITO DE COBRE" por Danièle

Érase una vez un pedacito de cobre. Vivía muy feliz escondido en la tierra con sus compañeros de cobre. No había pedido nada a nadie. Esa felicidad podría haber durado tanto como la tierra, pero, un día, hubo un ruido tremendo que hizo temblar hasta el corazón de la tierra... Hombres, hombres habían llegado y hacían rugir los motores de sus máquinas que se tragaban toda la tierra y conservaban solo el cobre. El pequeñito trozo de cobre hizo todo lo posible para escapar, pero ¡imposible! Rápido, fue cargado en un camión rumbo al mar y, poco después en un barco que cruzó el charco y lo llevó muy lejos de su tierra natal. ¡Pobre cobrecito! ¡Se mareó mucho en ese viaje! Finalmente, el barco se paró, el ruido de los motores se calló: había llegado a su destino.

De nuevo fue cargado en un camión y llevado a un taller donde lo descargaron. Pensaba que todo se había acabado, pero ¡No! Lo mesclaron, con sus compañeros cobre, con estaño y lo pusieron en un horno muy caliente alimentado con carbón vegetal. ¡Mama mía, que calor! después de horas en este calor, salió del horno. Se sentía un poco extraño, sin saber exactamente por qué: ¡se había transformado en bronce! Sin que tuviera tiempo para reflexionar, el bronce líquido fue vertido en un molde muy amplio. Cuando todo se enfrió, le quitaron el armazón de yeso, y se pudo mirar: ¡Qué elegancia! Se había convertido en una estructura extraña que tenía una espiral vertical y una larga cola saliendo de lo más alto de la espiral y bajando hacia el suelo en un vasto círculo transmitiendo una sensación de diálogo continuo y fluido entre los elementos del aire, el hierro y la tierra.

Para que la gente pueda disfrutar de esta estructura y para la Exposición Internacional de Esculturas en la Calle de 1994, la pusieron en una gran plaza cerca del mar, La Plaza de Europa de Santa Cruz de Tenerife. Al bronce le gustaba mucho esta situación: podía disfrutar del olor del mar, de la vista de los transeúntes, de los juegos de los niños entre sus colonas y los de los mayores que intentaban subir hasta lo más alto de su cola. Pensaba que podría disfrutar de eso toda su vida. Los días podrían haber transcurrido como él quería, pero, en 2009, ocurrió un hecho increíble: el ayuntamiento sin decir nada a nadie amputó la estructura de toda su cola, y eso para evitar caídas en los carnavales. ¡Qué tristeza sintió el pequeñito trozo de cobre! Sólo le quedaba el olor del mar, no había más juegos a su alrededor y los transeúntes ya no lo miraban.

Esa amputación hizo mucho ruido en toda la comunidad de los amantes del arte, hubo muchos intercambios entre el ayuntamiento y el artista, hasta que Chirino presentó un recurso ante los tribunales. El ayuntamiento comentaba que, con el regalo de la obra por el artista, hubo transferencia de propiedad y que podía hacer con ella lo que quisiera. Había olvidado que existía algo llamado la propiedad intelectual y que “cuando uno compra una obra de arte no compra la obra de arte, sino la posesión de la misma. El arte es propiedad de la humanidad y de la historia de las civilizaciones.”. Además, la posesión implica la responsabilidad de su cuidado y conservación. Finalmente, en septiembre de 2012 repararon toda la estructura, añadiendo una nueva cola hecha de piezas ensambladas. Y de nuevo, nuestro pequeñito trozo de cobre, aunque no tan hermoso como antes de su mutilación, fue capaz de disfrutar de la mirada de los transeúntes... pero, no de los juegos de los niños: le habían rodeado con una valla para impedir que los jóvenes se acercaran. ¡Qué pena! El pobrecito cobre esperaba que, con el tiempo, todo se volviera al orden y que la valla fuera quitada para que pudiera, por fin, disfrutar como antes de los juegos de los jóvenes.

Lo que ocurrió finalmente, y así pudo disfrutar de su vida sin que nada lo detuviera.

Danièle


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